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Planifica tu Boda

Opiniones, gustos y presupuesto...

"Quizá la opinión de los novios no coincida exactamente con la de los padres y familiares, ¿Qué hacer?"

La solución no es sencilla.

Lo único que les resta es escuchar con tacto, hablar de sus diferencias y llegar a un acuerdo. Se trata de una experiencia muy emotiva para todos, de modo que con algo de previsión y comprensión será más fácil realizar los preparativos.”

Aun cuando los afectuosos padres contribuyan mucho a que todo salga bien ese día, deben resistir la tentación de imponer sus preferencias. Por otra parte, aunque las decisiones finales las tengan que tomar los novios, han de escuchar los consejos bienintencionados de sus progenitores.

Los preparativos comprenden desde enviar las invitaciones hasta organizar la recepción. “Cuanto más ordenado sea el proceso y con cuanta más previsión y planificación se lleve a cabo, menos cansancio y tensión ocasionará.

Es esencial elaborar un presupuesto razonable, pues no sería lógico ni amoroso que los novios o sus padres se endeudaran por celebrar una boda que está fuera de su alcance. Por otro lado, muchas personas que sí pueden costearse una ceremonia más complicada prefieren que sea modesta. En cualquier caso, puede resultar práctico llevar una lista de gastos aproximados y reales. Asimismo, tal vez sea de utilidad anotar en otra lista todo lo que hay que organizar y las fechas límite para hacerlo, ya que intentar memorizar los plazos probablemente sea estresante.

¿Cuánto costará la boda? Los precios varían de un lugar a otro. No obstante, sin importar dónde vivan, los novios deben preguntarse: “¿Podemos pagar todo lo que tenemos planeado? ¿Son todos estos detalles realmente necesarios?”

Si los futuros cónyuges no tienen dinero para costear la ceremonia tal y como les gustaría que fuese, han de eliminar algunas cosas. E incluso si disponen de los medios económicos, tal vez prefieran que la boda sea sencilla.

Dado que las costumbres nupciales varían de un país a otro, es imposible enumerarlas todas. Para decidir si seguirá cierta tradición o no, sería oportuno que la pareja se preguntara: “¿Qué significado tiene? ¿Está ligada a los deseos supersticiosos de buena suerte o de fertilidad, como sucede con la costumbre de tirar arroz a los recién casados?

Si los novios no están seguros respecto a algunos de estos puntos, sería preferible que no siguieran la tradición en cuestión, y que, de ser necesario, comunicaran de antemano su decisión a los invitados.

La llegada del gran día despierta muchas emociones, desde intensa alegría hasta las lágrimas. “Estaba contentísima —cuenta una recién casada—, era como un sueño hecho realidad.” Y un hombre recuerda: “Fue el peor y a la vez el mejor día de mi vida. Mis suegros lloraban sin parar porque me llevaba a su hija mayor; mi esposa lloraba porque sus padres lloraban, y al final yo también rompí a llorar porque ya no podía soportarlo más”.

Estas reacciones se deben a la tensión del momento, por lo que no hay nada que temer. Tampoco sería de extrañar que se produjeran roces entre los familiares, e incluso entre la misma pareja, en alguna que otra ocasión. “Al fin y al cabo, probablemente sea la primera vez que organizan juntos un acontecimiento importante, y es muy posible que tanta agitación repercuta en su relación de alguna forma.

No sirve de nada disgustarse porque las cosas no salgan como se esperaba. Pedir consejo y apoyo en un momento como ese obrará maravillas.

Algunas novias temen que algo salga mal ese día, por ejemplo, que se pinche una rueda del automóvil y lleguen tarde a la ceremonia, que haga un tiempo espantoso o que se arruine el vestido en el último instante. Lo más probable es que no suceda nada de eso; sin embargo, hay que ser realistas. No todo puede salir a pedir de boca, así que no queda más remedio que aceptar los contratiempos.

Así pues, los futuros cónyuges han de mantener una actitud positiva y hacer lo posible por no perder el sentido del humor cuando se presenten imprevistos. Si surge algún problema, deben recordar que en los años venideros se reirán cuando lo cuenten. Así evitarán que los pequeños percances les estropeen la boda.